
Falleció Luis González: El hombre que nos enseñó a ser felices con una pelota de fútbol
Redacción InfoVGG
Por Sebastián Repetto (Editor de InfoVGG y de 12noticias.TV)
Hay dolores que no se pueden medir con las palabras frías del periodismo. Hay noticias que te pegan un viaje en el tiempo, en bajada y sin frenos, y te dejan pedaleando en el aire. La muerte de Luis González no es la pérdida de un dirigente o de un técnico; es, para los que tenemos más de cuarenta y nacimos en Villa Gobernador Gálvez, el final de un pedazo de nuestra propia infancia. Se nos fue el tipo que nos cuidaba los sábados.
Hablo de Luis y se me viene el olor a pasto mojado y a tierra de Riberas del Paraná. Se me vienen las rodillas raspadas, el frío antes de salir a la cancha y esas camisetas que nos quedaban enormes, como túnicas sagradas.
Quienes tuvimos la suerte de tenerlo ahí, sentadito en el banco de suplentes dándonos indicaciones con los ojos brillando de pasión, sabemos perfectamente que Luis no era un técnico de fútbol. Era otra cosa. Era un guardián de la felicidad ajena.
No le importaba el resultado. No te miraba distinto si ganabas o si errabas el penal. Casciari dice siempre que uno no se acuerda de los goles que hizo a los diez años, sino de cómo lo miraba el técnico cuando salía de la cancha. Y Luis te miraba como si fueras su propio hijo, con una mezcla de orgullo y ternura que te quitaba cualquier miedo. Te hacía sentir que jugar a la pelota era lo más importante del universo, aunque el partido fuera un amistoso en una canchita perdida.
Cuidar el milagro de los pibes
El fútbol infantil es un milagro absurdo y hermoso. Mantenerlo vivo en una ciudad laburante como la nuestra, año tras año, generación tras generación, es una tarea que solo pueden hacer los santos o los locos.
Luis tenía esa locura hermosa de los que entienden el valor de lo invisible. Como presidente de la LIFA, no administraba planillas ni organizaba fixtures; Luis gestionaba infancias.
Él sabía que el club de barrio y la Liga eran el gran refugio. Que meter a un pibe adentro de una cancha era salvarlo. Nos enseñaba a compartir la misma botella de agua entre el que jugaba de titular y el que miraba desde el banco; nos enseñaba que el fútbol no era el preámbulo de nada, no era para "llegar a primera" ni para salvarse económicamente. El fútbol era ese sábado. El abrazo con los compañeros, el alfajor del buffet y la lealtad de darnos la mano con el rival cuando terminaba el partido.
Tipos como Luis González son la verdadera columna vertebral de Villa Gobernador Gálvez. Hombres que, sin pedir nada a cambio, se cargaron al hombro las ilusiones de miles de pibes que hoy, ya grandes y con nuestros propios hijos de la mano, caminamos por la vida con los valores que él nos plantó en el pecho.
El silbato que no se apaga
Dicen que las canchas de la LIFA se quedaron en silencio esta semana. Es mentira. No se puede silenciar una vida entera entregada al amor más puro.
Cada vez que un utilero infle una pelota número 3 en VGG, cada vez que un técnico se agache a atarle los botines a un nene que recién empieza y que tiene miedo de entrar a jugar, Luis va a estar ahí. Va a estar en cada grito de gol, en cada abrazo de tribuna, en cada potrero donde ruede una redonda.
Se fue el maestro, el presidente, el eterno DT de nuestras vidas. Pero nos dejas las canchas llenas de pibes felices, Luis. Nos dejas un legado que no se puede borrar con la muerte porque quedó guardado en el lugar más sagrado que tiene un hombre: el recuerdo de su infancia.
Hasta siempre, Luis. Gracias por habernos querido tanto. Gracias por habernos enseñado a ser felices con una pelota de fútbol.


1.000 millones en combustible: El pedido de informes de la concejal libertaria Pamela Moro que sacude a la Municipalidad

La batalla por la intendencia 2027: El laboratorio de la supervivencia y las trincheras calientes de Villa Gobernador Gálvez

El valor de volver al origen: Carlos Dolce y una recorrida cargada de emoción y prevención por las escuelas de VGG

Día del Bombero: El emotivo saludo de Carlos Dolce a los "hermanos de fuego"

Licencias especiales profesionales: El decreto que unió al Movimiento Evita, el massismo y La Libertad Avanza y que Ricci vetó para cuidar las finanzas del municipio y la equidad con los vecinos

El límite de la demagogia: por qué el veto de Ricci en VGG defiende al contribuyente frente a los privilegios corporativos



