Los habitantes y trabajadores que circulan diariamente por la zona describen el lugar como una "boca de lobo", advirtiendo que la falta de iluminación convierte al trayecto en un escenario ideal para hechos delictivos y accidentes de tránsito.
Lo que ocurre con el Instituto N° 24 en Villa Gobernador Gálvez no es ya un problema de presupuesto ni una desventura burocrática; es un síntoma clínico de la desconexión total entre la clase dirigente y la realidad. Estamos ante una estafa patrimonial que se disfraza de gestión.
Para quienes conocen el recorrido de Carlos Dolce, este despliegue de sensibilidad no es una pose; es su forma de vivir. Hoy por hoy, es uno de los funcionarios más valorados y respetados dentro del gobierno provincial. Ese prestigio no se lo dieron los escritorios, sino su indiscutible capacidad técnica como bombero voluntario, un saber que vuelca diariamente con rigor y entrega absoluta en Defensa Civil y Gestión de Riesgos.
El empleado público obtenía la gratuidad de un trámite que cualquier trabajador del sector privado —los mismos vecinos que sostienen el municipio con el pago de sus tasas— debe abonar de su propio bolsillo para poder salir a trabajar. Se pretendía financiar un beneficio sectorial interno con la descapitalización de los recursos comunes.
La decisión de vetar la exención de tasas para licencias profesionales a empleados municipales no es un acto de hostilidad; es una muestra de liderazgo institucional y racionalidad económica en un momento histórico que exige madurez, no oportunismo.